Casa Gades se renueva para deslumbrar otra vez en Chueca-Justica

Fue en 1977. El gran bailador Antonio Gades junto a la inolvidable Marisol fundaron un local que encandiló durante muchos años a las gentes de la época. Eran tiempos donde los clientes acudían al lugar a pasárselo bien y degustar su comida hispano italiana. Un referente del barrio de Chueca como pocos.

Como sucede muchas veces en la vida, el reclamo de este singular espacio fue perdiendo interés y popularidad; se quedó algo añejo, antiguo, y sufrió también debido a la alta competencia gastronómica. Por suerte, Roberto González, vecino de la zona (vivía a escasos 3 minutos de la puerta) acudió a hacer un asesoramiento gastronómico; “fui a hacer una carta, hablé con la anterior propietaria y de esta reunión salimos, más o menos, como socios”. El siguiente paso fue rotundo: “decidimos darle un vuelco, tanto al continente como al contenido. Tiramos todo y el estudio de Paula Rosales (More&Co) le dio este toque con mármol, forja, madera y suelos hidráulicos en blanco y negro”.

“Y como no, al tema gastronómico. Actualizamos la carta y diseñamos una nueva, actual y reformada; cocina de autor basada en producto. Lo más importante es eso: producto, producto y producto”, afirma el responsable de esta revolución.

Esto, la ‘revolución’ que registró Casa Gades, está teniendo gran aceptación a pesar de los pocos meses de su nueva vida. Porque como afirma González, “nadie espera” lo que se cocina ahora en el emblemático lugar. “Salen sorprendidos y algo descolocados por el nivel de cocina que estamos haciendo, pero repiten. Ésa es la mejor señal”, agrega.

Y, ¿qué es lo que ofrece el nuevo Gades? Algunos ejemplos: huevo a baja temperatura con tuétano y cococha (“imprescindible”, según Roberto González), el carpaccio de presa ibérico, la lubina al humo de sarmiento con berberecho, leche de tigre y salicornia o el cuchifrito con pasión y ensalada fresca de naranja. “Son los que mejor definen lo que queremos trasladar al comensal”, asegura el impulsor. Respecto a los postres; el delirio de chocolate y el plump cake de tamarindo con helado de dulce de leche y kimchi de frambuesa, también detallan lo que se persigue: alta cocina de autor con toques vanguardistas. O lo que es lo mismo, la búsqueda por reinventar la cocina tradicional.

Además, un target de público algo distinto, ha recibido esta transformación de buen grado: “Ahora viene gente más joven y más abierta en el espíritu gastronómico, pero personas un poco más clásicas, salen igualmente encantadas. Esto también es importante”, sostiene convencido el autor de la nueva carta.

Porque Casa Gades ofrece una cocida muy pegada a la temporalidad de alta calidad. Una oferta que cambia según la temporada y que no se encasquilla. Ni siquiera en las cuatro estaciones que tiene el año. Cocina viva, dinámica y que no esté ligada a un producto o a los 3 meses que dura cada periodo citado del año. Es uno de los secretos: trabajar con el mejor género para que los clientes disfruten y repitan.

“Jugar con la originalidad, la creatividad, el sabor y la cocina de autor. Todo, con mucho trabajo en un entorno de ‘toda la vida’, de decoración minimalista, donde la comida es la protagonista. Porque aquí se viene a comer y disfrutar”, sentencia Roberto González.